En Osaka hay una tienda preciosa llamada Kohoro. Allí, mi pareja compró dos cuencos de color azul marino, iguales pero diferentes. Al estar hechos a mano, cada uno tiene sus matices únicos e irrepetibles. No son muy altos y el borde partido de la pieza es un diseño poco común, pero a la vez muy simple y agradable a la vista.
Al principio utilizaba uno de los cuencos para servir la ensalada de tomate y lechuga, pero pronto me di cuenta de que la ración para dos personas era demasiado para la capacidad de la pieza. Me gustaba mucho cómo el color verde y el rojo se complementaban con el azul, y me dio un poco de pena no poder usar el cuenco tal y como quería. Aunque también podría haber preparado la ensalada por separado, una ración en cada cuenco, prefería compartir una de las dos piezas. Creo que es en el momento en que coincidimos frente a un plato cuando se crean conversaciones y un ambiente cálido en la mesa.
A medida que fui aprendiendo a cocinar platos japoneses, sin embargo, me acostumbré a la manera de servir la comida del país (raciones más pequeñas pero más variadas), y encontré nuevos ingredientes y nuevos colores que resultaban muy gratificantes al llevarlos a la mesa con el cuenco azul.
Siempre que uso uno de los cuencos para poner calabaza, una ensalada con pocos ingredientes o alguna otra comida cocinada con conciencia, me alegro de tenerlo en casa.

Enlaces de la tienda Kohoro
