El pasado mes de marzo, Ryo y yo fuimos a Tokoname, una ciudad situada en la prefectura de Aichi, Japón. Había leído que formaba parte de la lista llamada "Los seis hornos antiguos", que agrupa a los seis centros de producción alfarera (Bizen, Echizen, Seto, Shigaraki, Tamba y Tokoname) más notables según su creador, Koyama Fujio. Si bien es una clasificación que creo que no incluye otros muchos lugares interesantes a los que poder ir para aprender sobre cerámica tradicional, sí que es una guía interesante para empezar a explorar la historia y las técnicas del arte del barro en Japón.

A Tokoname llegamos en tren desde Nagoya. En la estación había un centro de información, donde nos acercamos a coger un mapa de la zona. Este recomendaba un recorrido por los puntos relacionados con la cerámica. Aunque preferíamos hacer el nuestro (si encontrábamos un lugar que nos gustaba queríamos dedicarle tiempo aunque nos perdiéramos otros), decidimos que no queríamos dejar de visitar el horno Toei y el museo INAX. Estaba interesada en conocer la parte más industrial de la producción cerámica, y estos eran dos puntos clave para aprender y disfrutar.

Empezamos a caminar hacia la parte más antigua de la ciudad, el antiguo pueblo de Tokoname. Siguiendo la carretera, llegamos debajo de un puente donde había expuestas en fila, pegadas a un muro, obras dedicadas al maneki-neko, el gato de la fortuna. Las piezas eran de artistas de todo el mundo, y los gatos estaban representados en estilos muy distintos.

Una vez pasada la hilera de los maneki-neko, giramos a la derecha para subir a lo alto de la colina donde descansa el pueblo desde hace muchos siglos. Desde el periodo Heian (794-1185) se tiene constancia de la actividad alfarera de Tokoname, y aunque no se conservan estructuras tan antiguas, la larga presencia del oficio ha hecho que cada pocos pasos te encuentres con casas-taller, hornos abandonados, chimeneas en desuso o en activo, piezas reutilizadas como mobiliario urbano, etc. Tokoname es cerámica en sí misma.

Envueltos por casas medio mimetizadas con la naturaleza, de colores oscuros, nos adentramos de lleno por los caminos estrechos del pueblo. Al poco tiempo nos llamó la atención un horno de ladrillo abandonado. Tenía el tamaño de una pequeña cabaña de bosque, una persona podía estar de pie dentro. Las plantas habían trepado por las paredes y a su alrededor se sentía una presencia realmente misteriosa. Cuando nos acercamos para mirar el interior, pudimos ver unas cuantas tuberías de agua colocadas como si se hubieran acabado de cocer. Más adelante, mientras explorábamos la zona, veríamos decenas de tuberías utilizadas no solo para conducir el agua de la lluvia hacia la alcantarilla, sino también para servir de soporte en las laderas de tierra sobre las cuales estaban instaladas las casas.

Dentro del horno también había un pequeño altar para hacer ofrendas. El horno era considerado un dios. El animismo todavía está presente en Japón, y antes de empezar a cocer las piezas, normalmente se hace una ofrenda al horno para que proteja la obra realizada, haya un buen fuego y la hornada sea un éxito. Aunque el horno estuviera en desuso, su alma todavía residía en la oscuridad de sus entrañas.
Nos desviamos del camino principal para acercarnos a una figura gigante que, de nuevo, representaba un maneki-neko. Desde lo alto del puente que habíamos visto desde la carretera, los ojos inquietantes del gato controlaban los coches que pasaban a toda velocidad. Más tarde, entendí que la producción de estos gatos también formaba parte de la industria cerámica de la ciudad y que por eso se les había dedicado tantos espacios dentro de la ruta turística.

Mientras nos dirigíamos hacia la llamada "Subida de los conductos de barro", nos fijamos en todas las piezas esparcidas estratégicamente por todas partes. Algunas eran restos de tuberías o vasijas que se reutilizaban como macetas, para delimitar el espacio urbano, para decorar muros, etc. Otras eran piezas artísticas, orientadas hacia la mirada de los turistas. Tokoname hacía gala no solo de su cerámica más tradicional, sino que también acogía las nuevas técnicas, artistas y estilos.

Personalmente, me atraían más las piezas utilitarias, y me fijaba en las vasijas que aparecían durante nuestro paseo. La tierra de la zona es muy rica en hierro, lo que hace que las piezas hechas con este barro sean fuertes y resistentes a los cambios de temperatura y a los accidentes que pueden ocurrir durante el transporte. Antiguamente, las jarras servían para transportar productos por todo el país (se han encontrado restos en puntos muy alejados de Tokoname). Estos productos eran sake, aceite e índigo, entre otros.
Cuando llegamos a la "Subida de los conductos de barro", una de las atracciones más populares de la ruta, estuvimos un buen rato admirando el suelo hecho de anillos rotos de barro y los muros erigidos con jarras clavadas a un lado y con conductos de agua de cerámica al otro lado. El diseño industrial y la infinita repetición de la misma forma a lo largo de la pendiente nos fascinó. Nos detuvimos para disfrutar de las diferencias que había entre una pieza y otra, creadas por el envejecimiento del esmalte y la naturaleza que las cubría. De la misma manera que las plantas convivían con los hornos abandonados, aquí también se habían fusionado en pequeños rincones con el barro cocido. El musgo y las plantas pequeñas salían de las bocas de los recipientes y creaban una vista única e irrepetible.





Después de hacernos las típicas fotografías de turistas tocando y pisando la vía hecha de cerámica, nos dimos prisa por llegar al siguiente lugar que teníamos ganas de visitar: el horno Toei. Más allá de los méritos que acumula (es uno de los hornos de cámaras ascendentes más largos de Japón, en 1982 se convirtió en Propiedad Cultural del Arte Folclórico Tangible y en 2007 fue reconocido como Patrimonio de la Modernización industrial), lo que más me impresionó fue su presencia en medio de la naturaleza. La enorme estructura hecha de ladrillos parecía arraigada a la tierra, siguiendo la subida donde estaba instalada, calmada bajo los árboles.
El horno Toei tiene 8 cámaras y 10 chimeneas en su parte posterior. Las chimeneas que se encuentran en los dos extremos de la fila son más altas que las del centro, están diseñadas así para que la cocción sea más uniforme. Siento un especial afecto por esta forma arquitectónica, las chimeneas, quizás porque me recuerda a mi tierra natal, Terrassa, una ciudad que tiene un patrimonio muy importante relacionado con la industria textil y que todavía hoy en día conserva muchas chimeneas que conforman el paisaje urbano.

Cuando bajamos hacia la parte frontal, eché un vistazo a los pasillos laterales que había entre las paredes del edificio que protegía el horno y los lados de este. Aunque no se podía entrar, sí que había a la vista diferentes objetos. La mayoría eran soportes y cajas resistentes al fuego que habían servido para organizar y apilar las piezas dentro del horno. También se podían ver las escaleras que acompañaban la subida de las cámaras, y descubrí que también aquí los escalones estaban hechos en parte con tuberías de agua reutilizadas.


La cara del horno no se podía contemplar de cerca, ya que hay una valla de madera que lo impide. Aun así, pude hacer algunas fotografías donde se ven los múltiples agujeros por donde se empezaba a poner el combustible al inicio de la hornada.

Finalmente, refunfuñando un poco porque no me había podido acercar más a la entrada, di media vuelta y me alejé del horno mientras sus ojos me miraban desde la oscuridad.
(la segunda parte del artículo se publicará pronto, ¡gracias por vuestra lectura!)

Versión en japonés
Viaje a Tokoname (primera parte)
El pasado mes de marzo, Ryo y yo fuimos a la ciudad de Tokoname, en la prefectura de Aichi. Había leído un libro sobre los "Seis hornos antiguos", donde el investigador de cerámica y ceramista Fujio Koyama recopiló los seis hornos más notables: Bizen, Echizen, Seto, Shigaraki, Tamba y Tokoname. Aunque creo que esta clasificación no incluye otros lugares interesantes para estudiar cerámica tradicional, es una guía interesante para empezar a explorar la historia y las técnicas de la cerámica japonesa.
Llegamos a Tokoname en tren desde Nagoya. En la estación había un centro de información donde conseguimos un mapa de los alrededores. Recomendaban un tour para visitar puntos relacionados con la cerámica. Aunque queríamos ir a nuestro aire (si nos gustaba un lugar, preferíamos pasar el tiempo allí aunque nos perdiéramos otros), decidimos que no queríamos perdernos el horno Toei ni el museo INAX. Yo quería conocer el aspecto más industrial de la producción de cerámica, así que estos dos lugares eran puntos clave para aprender y disfrutar.
Empezamos a caminar hacia el casco antiguo de Tokoname. Al seguir la carretera, llegamos a un puente donde se exponía una hilera de obras con el motivo del maneki-neko, colgadas en la pared. Las piezas eran de artistas de todo el mundo, y la expresión de los gatos era de estilos totalmente diferentes.
Pasada la hilera de maneki-neko, giramos a la derecha y subimos por la colina donde han descansado los aldeanos durante siglos. Se confirma que en Tokoname se realiza cerámica desde el periodo Heian, y aunque no quedan estructuras de esa época tan antigua, como la cerámica se ha producido durante tanto tiempo, a los pocos pasos de caminar puedes encontrarte con talleres, hornos abandonados, chimeneas en desuso o elementos reutilizados como árboles en la calle. Tokoname es la cerámica en sí misma.
Mientras paseábamos por los callejones, rodeados de casas de colores oscuros que parecen fundirse con la naturaleza, un horno abandonado de ladrillo apareció ante nuestros ojos en medio del pueblo. Del tamaño de una cabaña en el bosque, al entrar, una persona podía estar de pie. Las plantas trepaban por las paredes, y flotaba un aire verdaderamente misterioso. Al acercarme para mirar dentro, vi varias tuberías de agua alineadas, como si acabaran de ser cocidas. Más tarde, al explorar los alrededores, vi que se utilizaban decenas de tuberías no solo para llevar el agua de lluvia a la alcantarilla, sino también para sostener las pendientes de tierra sobre las que se construían las casas.
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Dentro del horno también había un pequeño altar para hacer ofrendas. El horno era considerado un dios. Parece que el animismo sigue vivo en Japón, y es habitual hacer una ofrenda al horno antes de cocer, rezando para que las piezas estén protegidas, para que el fuego salga bien y para que la cocción sea un éxito. Incluso en un horno que ya no se utiliza, su alma parece habitar en la oscuridad del interior.
Nos desviamos del camino principal y nos acercamos a una estatua gigante que también imitaba a un maneki-neko. Desde el puente que se veía desde la carretera, los ojos inquietantes del gato parecían vigilar los coches que pasaban a gran velocidad. Al investigar después, resulta que la producción de estos gatos también forma parte de la industria cerámica de la ciudad, por lo que se habilitaron muchos espacios para los gatos en la ruta turística.
Al dirigirnos hacia el lugar llamado "Tokanzaka" (cuesta de los conductos de barro), nos dimos cuenta de que todas las piezas estaban esparcidas estratégicamente. Había restos de tuberías y recipientes, algunos reutilizados para delimitar espacios urbanos o como decoración de paredes. Otros habían terminado convertidos en piezas artísticas que recibían las miradas de los turistas. Tokoname es una ciudad que se enorgullece no solo de la cerámica tradicional, sino también de la que incorpora nuevas técnicas y estilos.
Personalmente, me sentí más atraída por las piezas prácticas, y mis ojos se fijaron en las macetas que aparecieron durante nuestro paseo. El suelo de esta región es rico en hierro, lo que hace que las piezas hechas con esta arcilla sean resistentes y fuertes contra los cambios de temperatura y los accidentes durante el transporte. Antiguamente, estas tinajas se usaban para transportar mercancías por todo el país (se han encontrado vestigios incluso en lugares muy alejados de Tokoname). Al parecer, se utilizaban para sake, aceite, índigo, etc.
Al llegar a la subida de Tokanzaka, uno de los puntos más populares de la ruta, estuvimos contemplando durante mucho tiempo el suelo hecho de anillos de barro rotos y la pared construida uniendo tinajas por un lado y conductos de agua de cerámica por el otro. Nos fascinó el diseño industrial con la misma forma repetida infinitamente a lo largo de la pendiente. Nos detuvimos a disfrutar de las diferencias de cada pieza, creadas por el envejecimiento del esmalte y la naturaleza que lo cubre; al igual que las plantas convivían con los hornos abandonados, aquí también observamos cómo las plantas se fusionaban con la tierra cocida en pequeñas grietas. El musgo y las pequeñas plantas brotaban de las bocas de los recipientes, creando un paisaje único e inigualable.
Después de hacernos las típicas fotos tocando y pisando el camino de barro, nos apresuramos hacia el siguiente destino, el horno Toei. Más allá de los méritos de ser uno de los mejores hornos de ascenso de Japón, y de haber sido designado como Propiedad Cultural Popular Tangible en 1982 y Patrimonio de la Modernización Industrial en 2007, lo que más me impresionó fue su presencia en la naturaleza. La enorme estructura de ladrillo parecía echar raíces en la tierra a lo largo de la pendiente donde estaba instalada, tranquila bajo los árboles.
El horno Toei tiene 8 cámaras y 10 chimeneas en la parte posterior; las chimeneas de ambos extremos de la fila son más altas que las del centro, diseñadas así para una cocción más uniforme. Este paisaje de chimeneas me recordó a mi ciudad natal, Tarrasa, en España. Tarrasa tiene importantes legados relacionados con la industria textil, y todavía quedan muchas chimeneas que forman parte del paisaje urbano. Me pareció un paisaje muy similar.
Cuando salimos al exterior, eché un vistazo al pasillo lateral que hay entre la pared del edificio que protege el horno y el lateral del mismo. Aunque no se puede entrar, pude ver varios objetos. Muchos eran soportes y cajas refractarias para organizar y apilar piezas dentro del horno. También pude ver las escaleras para subir a las cámaras, y vi que también aquí parte de los escalones estaban hechos reutilizando tuberías de agua.
La superficie del horno está rodeada por una valla de madera, por lo que no se puede ver de cerca; aun así, pude tomar fotos donde se ven muchos agujeros abiertos para introducir combustible al comenzar la cocción.
Me alejé del horno sintiéndome un poco decepcionada por no haber podido acercarme más a la entrada, viendo cómo esos ojos me observaban desde la oscuridad.
(La segunda parte se publicará pronto. Gracias por leer.)
